El Reloj Público

En el Parque Duarte de Montecristi se alza un reloj con más historia de la que aparenta. Construido en los talleres de Gustave Eiffel e instalado en 1895, su mecanismo original sigue funcionando.

1895: el año en que Montecristi miró al mundo

En 1895, Montecristi era una ciudad próspera. El tabaco del Cibao salía por este puerto hacia Alemania, Francia y las Antillas. La ciudad tenía hoteles, farmacia, consulados extranjeros y un movimiento comercial que justificaba importar equipamiento de los mejores talleres de Europa.

El reloj de la plaza central fue encargado a los talleres de Alexandre Gustave Eiffel — el mismo ingeniero que había terminado su famosa torre en París apenas seis años antes, en 1889, y que se había convertido en sinónimo de ingeniería de precisión. El modelo enviado a Montecristi era un reloj de torre de cuatro esferas, con un mecanismo de pesos y péndulo diseñado para durar generaciones. Duró más de lo esperado: sigue marchando con sus engranajes originales.

1895
Año de instalación
130+
Años de funcionamiento continuo

Un mecanismo que el tiempo no rindió

Lo que hace extraordinario al Reloj Público de Montecristi no es solo su origen. Es que funciona. La mayoría de los relojes de torre del siglo XIX han sido convertidos a mecanismos eléctricos o quartz. El de Montecristi conserva su maquinaria original de pesas y péndulo, con las cuerdas que se tensaban manualmente cada cierto tiempo. La pieza es, en el pleno sentido de la palabra, un instrumento en activo.

El reloj se levanta en el Parque Duarte, el corazón histórico de la ciudad, rodeado de las casas victorianas que caracterizan el centro urbano de Montecristi. El parque es el punto de encuentro por excelencia: en sus bancos se sientan los abuelos, juegan los niños, discuten los políticos y los viajeros se detienen a fotografiar lo que probablemente no esperaban encontrar.

El mismo año de Martí

La coincidencia histórica no pasa desapercibida. En ese mismo año de 1895 en que el reloj llegó a Montecristi, José Martí y Máximo Gómez firmaron en esta ciudad el Manifiesto de Montecristi — el documento que relanzó la independencia cubana. Mientras el reloj marcaba las horas en la plaza, la historia del Caribe se estaba escribiendo a pocas cuadras. El mecanismo de Eiffel lleva, sin saberlo, la memoria de ese momento.

Para entender la conexión entre el reloj y el resto de la historia de la ciudad, visita la página sobre José Martí o recorre el Parque Duarte que rodea el monumento.