Una ciudad que el Caribe olvidó renovar
Montecristi tiene la rara virtud de no haber sido modernizada a cualquier precio. Sus calles de casas victorianas, algunas de ellas del siglo XIX en perfecto estado, cuentan la historia de un puerto que alguna vez rivalizó con los más activos del Atlántico. La prosperidad llegó con el tabaco, la sal y el ganado — y dejó su huella en una arquitectura que hoy es patrimonio vivo.
A diferencia del litoral sur del país, el turismo aquí no ha borrado la identidad local. Montecristi sigue siendo, ante todo, una ciudad dominicana real: mercados con olor a especias, conversaciones largas en el parque, pescadores que salen al amanecer y regresan al mediodía.
Los Íconos del Destino
Dos lugares que hay que conocer antes de partir.