José Martí en Montecristi

En enero de 1895, José Martí y el general Máximo Gómez firmaron aquí el Manifiesto de Montecristi, el documento que relanzaría la guerra de independencia cubana.

El camino a Montecristi

A principios de 1895, José Martí llevaba más de una década organizando desde Nueva York la reanudación de la guerra de independencia cubana. El Partido Revolucionario Cubano que había fundado en 1892 había recaudado fondos, coordinado redes de apoyo y preparado una expedición militar. Para que la guerra tuviera legitimidad política además de fuerza militar, necesitaba la firma del hombre que era, sin discusión, el jefe militar más respetado de la causa: el general dominicano-cubano Máximo Gómez.

Gómez vivía entonces en la República Dominicana, en su finca en el Municipio de Monte Plata. Martí lo encontró allí y juntos viajaron al noroeste del país. Se alojaron en Montecristi, en la casa de un simpatizante de la causa cubana. Era enero de 1895.

El Manifiesto de Montecristi

El 25 de marzo de 1895, Martí y Gómez firmaron el documento conocido como el Manifiesto de Montecristi. No era una declaración de guerra ordinaria: era un programa político y ético para la república que querían construir. El manifiesto dejaba claro que la guerra no era de odios ni de razas, sino una guerra de todos los cubanos por la libertad y la dignidad. Establecía el trato a la propiedad, a los españoles no combatientes, y a las distintas razas que componían la población cubana.

El texto refleja el pensamiento más elaborado de Martí sobre lo que debía ser la futura nación cubana. Es uno de los documentos fundacionales del pensamiento político latinoamericano del siglo XIX.

"La guerra de Cuba, salida adusta y necesaria de un pueblo que sólo peleará por ser digno, es un hecho del orden humano cargado de tal servicio al bienestar y dignidad de los hombres..."
Manifiesto de Montecristi, 25 de marzo de 1895

De Montecristi al campo de batalla

Semanas después de firmar el Manifiesto, Martí y Gómez partieron hacia Cuba. Martí desembarcó en Playitas de Cajobabo el 11 de abril de 1895. Apenas dos meses después, el 19 de mayo, murió en combate en Dos Ríos, Oriente. Nunca vio la independencia que había organizado desde Montecristi.

Gómez continuó la lucha y fue comandante en jefe del Ejército Libertador hasta la intervención norteamericana que culminó la guerra en 1898. La impronta dominicana en la independencia cubana — Gómez era nativo de Baní — es parte de la historia compartida de las dos naciones.

El legado en Montecristi

La ciudad guarda la memoria de ese paso histórico. La casa donde se firmó el Manifiesto está identificada en el centro histórico. El Museo de Montecristi, actualmente en proceso de restauración, incluye en su colección documentos y objetos relacionados con este episodio. La relación entre Montecristi y la historia cubana es uno de los vínculos más singulares que tiene la República Dominicana con el Caribe.