Tabaco · Sal · Martí · Arquitectura

Historia

Montecristi fue puerto de comercio internacional antes de que muchas ciudades del Caribe existieran. Tabaco, sal, madera y ganado salían por este litoral hacia Europa y las Antillas. Aquí dejaron huella los franceses, los ingleses, los holandeses — y, de manera decisiva, los cubanos.

Un puerto antes que una ciudad

La historia de Montecristi como centro de intercambio comienza mucho antes de su fundación oficial como ciudad. El litoral noroeste de la Hispaniola fue desde el siglo XVI punto de descarga informal y comercio de contrabando entre colonos de la parte española y comerciantes franceses, holandeses e ingleses. La cercanía con la colonia francesa de Saint-Domingue hizo de esta zona un espacio de intercambio constante, a veces tolerado, a veces perseguido.

La ciudad fue refundada en el siglo XVIII como parte de los esfuerzos de repoblación del norte dominicano, y creció rápidamente durante el auge tabacalero del siglo XIX. El tabaco del Cibao — considerado entre los mejores del mundo — encontró en Montecristi su puerta de salida natural hacia los mercados europeos. La prosperidad de ese período quedó grabada en la arquitectura: casas de dos pisos con balcones de madera torneada, tiendas de fachada ornamentada, y edificios de estilo victoriano que aún hoy definen el centro histórico de la ciudad.